El Mercurio: Claves para apoyar a los niños que no quieren volver a las clases presenciales el segundo semestre

Pese al impacto negativo que ha tenido la educación online en el aprendizaje, hay alumnos que por diferentes razones no quieren dejar las pantallas para regresar al aula. No obligarlos, conversar con ellos, averiguar sus temores y generar instancias de contención son esenciales, según los expertos.
Esta semana, el ministro de Educación, Raúl Figueroa, volvió a insistir en la necesidad de retornar a clases presenciales durante el segundo semestre, en especial en aquellos establecimientos ubicados en comunas que se encuentran en Fase 2 o superior, tal como lo establece el plan ‘Paso a paso’ del Gobierno.

Una medida que ha sido resistida por una parte de la población pero que, a juicio del Mineduc, es necesaria para revertir el impacto que la pandemia y los confinamientos han tenido en el aprendizaje. Una prueba de ellos son los malos resultados del Diagnóstico Integral de Aprendizajes, desarrollado por la Agencia de Calidad de la Educación, dado a conocer esta semana.

En él se vio, por ejemplo, que los estudiantes de Enseñanza Media no alcanzaron el 60% de los aprendizajes necesarios para su nivel en 2020. El estudio, aplicado durante marzo y abril pasados a 1,8 millones de alumnos, de 7.000 colegios del país, mostró pobres resultados en las áreas de lectura y de matemáticas.

Pese al impacto negativo de las clases online, hay niños y adolescentes que no quieren dejar las pantallas para volver al aula.

‘Aunque la mayoría reconoce que les cuesta más aprender, hay algunos niños que no quieren volver al colegio por diferentes razones, como temor al contagio, porque han experimentado cambios físicos o porque no quieren volver a verse con compañeros con los que se llevan mal, por ejemplo’, dice Miriam Pardo, psicóloga infanto-juvenil de la U. Andrés Bello.

También están aquellos que eran víctimas de bullying, para quienes el regreso implica enfrentarse nuevamente a ese problema (ver recuadro).

Cualquiera sea la razón, los especialistas concuerdan en que no se debe obligar a volver a clases si el niño manifiesta lo contrario. ‘En ningún caso inducir el retorno es una buena estrategia; la voluntariedad debe estar muy presente’, enfatiza Eduardo Vallejos, jefe de Proyectos de Aprendizaje Socioemocional de la Fundación Impulso Docente.

Lo importante es poner atención a señales que indiquen la disposición del niño.

Apoyo emocional
A medida que se acerque la fecha, ‘es posible que el niño se encierre en sí mismo, se vuelva más retraído, más ansioso o ponga excusas para no ir al colegio’, advierte Pardo.

Asimismo, una cosa que pueden hacer los papás ‘es conversar con sus hijos y chequear si están preparados para volver y preguntarles qué sienten’, sugiere Cristóbal Hernández, psicólogo de la U. Adolfo Ibáñez. ‘Poner en palabras, verbalizar emociones, es un paso importante para aprender a manejarlas’, agrega.

Por ejemplo, explicarles que tener miedo al contagio es algo normal y que existen mecanismos para reducir ese riesgo, como las medidas de prevención y autocuidado (mascarillas, lavado de manos, etc.).

También es útil, como padres, transmitir calma sobre lo que se está viviendo, ya que ‘la ansiedad de los adultos se traspasa a los niños’, dice Hernández.

En ese sentido, es recomendable generar espacios ‘que permitan vincularse con el colegio, los profesores y los demás apoderados, para compartir experiencias y reconocer cuáles son los temores o barreras que hay para volver a clases’, dice Vallejos.

Algunos establecimientos ya están desarrollando iniciativas de este tipo. En el Instituto Nacional se creó una comisión de educación emocional, integrada por un equipo interdisciplinario, según cuenta Manuel Calcagni, profesor de Historia y Geografía del liceo y ganador de Global Teacher Prize Chile 2020.

A través de encuestas a los alumnos y sus familias, se buscó conocer los temores y complicaciones que están viviendo. ‘Se detectó una problemática que tiene relación con que estamos entregando mucha enseñanza apegada a lo académico, pero que se han dejado de lado los temas emocionales. La necesidad de una educación más integral y con mayor contención’, explica.

Una experiencia similar desarrollaron en la Escuela Rural Las Corrientes, cerca de Constitución (Región del Biobío). Además de ir preparando los espacios para un entorno seguro, ‘hicimos en marzo una encuesta entre las familias de los 115 alumnos del colegio y vimos que solo 36 estaban disponibles para volver’, cuenta Ingrid Rojas, miembro del equipo directivo del establecimiento.

Eso los llevó a desarrollar ‘un plan de contención para darles calma a los niños, a los padres y también a los profesores. Se requiere trabajar la parte emocional sin falta’, enfatiza.

La evidencia científica, agrega Vallejos, muestra que las relaciones afectivas son la mayor fuente de bienestar emocional para las personas. Los colegios y padres deben ‘pensar en cómo favorecer redes de apoyo y de autocuidado, antes que enfocarse solo en lo curricular y tratar de cubrir las brechas. Si no se controla el nivel de estrés, eso no va a favorecer el aprendizaje’, enfatiza.

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