Encontrémonos con: Bernardita Yuraszeck, Cofundadora y Directora Ejecutiva de Impulso Docente. Entrevista en Revista Encuentro del Arzobispado de Santiago.
De las salas de clases en La Pintana al liderazgo de una fundación, Bernardita Yuraszeck ha recorrido un camino guiado por la convicción de que un buen profesor puede transformar una vida. Cofundadora y Directora Ejecutiva de Impulso Docente, comparte aquí su historia, sus aprendizajes y su mirada sobre la educación en Chile.
– Estudiaste Ingeniería Comercial, pero tu primer paso en el mundo laboral fue como profesora en un colegio en La Pintana. ¿Cómo recuerdas esa experiencia?
En un comienzo fue especialmente difícil, como lo debe ser para la mayoría de los profesores que educan en contextos diversos. Lograr llenar una sala de clases con 40 estudiantes de tercero medio para que aprendieran matemáticas, validarme como profesora nueva, lograr hacer equipo con los otros educadores, fue una tarea realmente desafiante, pero también creativa, de mucha capacidad de adaptación y manejo de la frustración. Eso, durante 7 horas al día, todos los días, da frutos positivos, porque fueron dos años de experimentar el impacto que tiene la educación en la vida de cualquier niño o niña.
El colegio, que queda en la población Santo Tomás, pertenece a la Fundación Belén Educa, y hacen un trabajo articulado con muchos actores para hacer efectiva la promesa de formar personas integrales, con valores cristianos, que logran sostener sus trayectorias para acceder a la educación superior o al mundo laboral siendo buenos ciudadanos. Enseñar no es solo transmitir conocimientos, sino también acompañar, escuchar, creer en los otros y darles herramientas para que crean en sí mismos.
A su vez, el principal aprendizaje fue la convicción de que hoy los docentes necesitan mucho más apoyo para poder cumplir con el enorme rol que tienen. En Chile, tenemos profesores con convicción, con vocación y compromiso. Pero en entornos cambiantes, y complejos, se requiere mayor inversión en capital humano y soporte de distintos actores para llevar a cabo la tarea de formar a las futuras generaciones.
– Luego viene Impulso Docente, ¿cómo nació esta fundación? ¿Cuál fue la motivación inicial?
Impulso Docente nació justamente de esas experiencias en la sala de clases. Con un grupo de compañeros y compañeras que también habían sido profesores nos dimos cuenta de que muchos docentes se sentían solos, sobrecargados y sin las herramientas necesarias para enfrentar los desafíos del aula. Vimos que ahí había una necesidad urgente: acompañar, formar y reconocer a los educadores, porque ellos son quienes hacen posible que los aprendizajes sucedan.
Partimos con un programa de formación de mentores para que docentes con experiencia pudiesen formarse para acompañar y retroalimentar a profesores nóveles. También con cursos de estrategias prácticas para gestionar la sala de clases. Con el tiempo, y frente a los nuevos desafíos que han ido surgiendo en la sala de clases, hemos ido integrando programas de bienestar y de liderazgo, con una mirada más integral a las escuelas, enfocados en liderazgo para directivos y sus equipos; en convivencia y resolución pacífica de conflictos; en apoyo a los Servicios Locales de Educación de distintas regiones del país para instalar comunidades de aprendizaje y de desarrollo profesional continuo a sus docentes. También, en 2023, creamos el Premio LED, que cada año reconoce a 30 directores educativos que están transformando sus comunidades. Ha sido un camino virtuoso y lleno de aprendizajes y resultados esperanzadores.
“Nos dimos cuenta de que muchos docentes se sentían solos, sobrecargados y sin las herramientas necesarias para enfrentar los desafíos del aula. Vimos que ahí había una necesidad urgente: acompañar, formar y reconocer a los educadores, porque ellos son quienes hacen posible que los aprendizajes sucedan.”
– ¿Cómo ves la educación en Chile hoy?

La educación en Chile, y en el mundo, vive un momento desafiante, con cambios muy rápidos a nivel de sociedad, y al sistema educativo le está costando romper la inercia para adaptarse. Veo que tras años de discutir e implementar una serie de cambios estructurales, hay interés bastante transversal en que podamos poner el foco y energía en la sala de clases, en los docentes, en la mentoría y en el liderazgo de los directores; que es lo que efectivamente nos va a permitir pegarnos un salto en aprendizajes, en los que todavía estamos al debe.
Para esto me parece clave que podamos impulsar una transformación digital consciente en las escuelas, desburocratizar y agilizar, para entregarle mayor autonomía a los directivos y a los docentes, y de ese modo puedan invertir más tiempo y foco en los procesos pedagógicos.
Con la inteligencia artificial y el amplio acceso a la información que ya tenemos a disposición, es clave que logremos garantizar que las escuelas sean lugares seguros, para generar vínculos, con propósito compartido, donde se desarrolle el pensamiento crítico y creativo. Para esto, el componente humano es fundamental. Atraer, acompañar y retener a los buenos directivos y docentes es clave para dar un salto de calidad.
– ¿Qué tan decisivo ves que puede ser un profesor en la vida de un alumno?
Un profesor puede cambiar el rumbo de una vida. Lo he visto muchas veces. Cuando un estudiante siente que alguien cree en él, que lo ve, que lo desafía y lo acompaña, algo se enciende adentro. Ese vínculo puede marcar la diferencia entre rendirse o seguir adelante. Más allá de enseñar contenidos, los profesores enseñan confianza, resiliencia, sentido de pertenencia. Y eso es profundamente transformador. Creo que todos recordamos a algún profesor o profesora que nos marcó, y eso habla del poder humano y emocional que tiene esta profesión.
– Y desde tu experiencia, ¿qué caracteriza a un buen profesor?
Un buen profesor no es necesariamente el que sabe más, sino el que logra conectar. El que se preocupa por entender a sus estudiantes, el que los motiva, los desafía y los hace sentir capaces. La empatía, la vocación y la capacidad de adaptarse son claves. También es importante que tenga herramientas concretas para gestionar el aula, planificar bien, trabajar con propósito. Por eso, en Impulso Docente creemos tanto en la formación práctica y acompañada: porque enseñar bien no es solo cuestión de talento, sino de aprendizaje constante.
“Ya en la universidad, con la posibilidad de participar de distintos proyectos de voluntariado se me hizo muy evidente que el talento está en todas partes, pero no las oportunidades para desarrollarlo.”
– ¿Cómo nació tu vocación por la educación?
Siento que está bien influenciada por mi abuelo, Ricardo Krebs, historiador y profesor universitario, que transmitía su amor por lo que hacía con mucha vocación y propósito en su rol de educador. Además, en mi casa siempre se valoró mucho el aprendizaje, la curiosidad y el compromiso con los demás, y ahí se fue sembrando algo. Ya en la universidad, con la posibilidad de participar de distintos proyectos de voluntariado se me hizo muy evidente que el talento está en todas partes, pero no las oportunidades para desarrollarlo.
En ese momento estaba terminando de estudiar Ingeniería Comercial y decidí postular al programa Enseña Chile, lo que me permitió iniciar mi carrera profesional como profesora de administración y matemáticas en el Colegio Cardenal José María Caro, de La Pintana. Desde ese entonces me enamoré de la educación, de la docencia, y no he dejado de trabajar con y para los educadores, con el foco puesto en mejorar las experiencias de aprendizaje de los estudiantes.
– ¿Qué valores o convicciones han guiado tu trabajo?
La convicción de que todos los niños y niñas merecen oportunidades de calidad, sin importar su origen. Y también la creencia profunda en el valor de las personas: en que todos tenemos algo que aportar. Me mueve la colaboración, el respeto, la empatía y la búsqueda constante de propósito. Creo firmemente que el cambio real en educación solo es posible si trabajamos juntos, desde la confianza y el compromiso con y por el bien común. Y que es necesario que celebremos y destaquemos lo que sí funciona, las avances, las buenas noticias para alimentar la esperanza y sentido de posibilidad.

– En 2022 fuiste reconocida como una de las 100 Mujeres Líderes de Chile. ¿Qué significó para ti ese reconocimiento? ¿Qué mensaje crees que entrega sobre el rol de las mujeres en la educación y en la sociedad?
Fue un honor y una alegría, sobre todo porque sentí que ese reconocimiento no era solo personal, sino también por todas las mujeres que trabajan incansablemente por mejorar la educación en nuestro país. Me alegra que se reconozca que la idea de crear el Premio LED, al que por cierto le hemos ido dando mucha fuerza, nació desde una profunda convicción de que visibilizar y fortalecer a liderazgos directivos de excelencia es indispensable para lograr cambios virtuosos y sostenibles en el sistema educativo, desde jardines infantiles hasta colegios. Nos unimos con El Mercurio y Mustakis en la convicción de que reconocer el liderazgo educativo y visibilizarlo es clave para inspirar a otros.
“Cuando un estudiante siente que alguien cree en él, que lo ve, que lo desafía y lo acompaña, algo se enciende adentro. Ese vínculo puede marcar la diferencia entre rendirse o seguir adelante.”
SOBRE BERNARDITA…
Aunque creció en una familia más conocida por su lado empresarial, fue ahí también donde encontró su inspiración por el servicio. Es mamá de tres niños, y cuenta que no siempre es fácil equilibrar los distintos desafíos, pero con organización y disposición de ambos, papá y mamá, se puede lograr. También, dice, es clave contar con una red de apoyo: “Como dice el proverbio africano, para criar a un niño se necesita una tribu”.


